COPIPEIST
El arte moderno, desde su nacimiento, ha tendido a privilegiar, por encima de cualquier otra cosa, el sentido de la vista, un privilegio que ha desembocado —por hipertrofia— en el dominio de lo visible espectacular y la sociedad telemática de la hipervisualidad. Sin embargo, en paralelo a esta hegemonía de la imagen, a lo largo del siglo XX es posible observar la existencia de una contracorriente de pensamiento que se ha caracterizado por un rechazo de lo visual, una crítica al ojo, al ocularcentrismo cartesiano y al sentido de la vista. Si se mira de cerca la historia del arte contemporáneo, se constatará que muchos son los ejemplos de obras que —consciente o inconscientemente— utilizan este proceder “antirretiniano”, encaminándose, por medio de la ceguera — ¿procedimiento ceguera?—, irremisiblemente hacia la nada. Malevich, Marcel Duchamp, Yves Klein,! Ana Mendieta, Jochen Gerz… ciertamente parece atractiva la realización de una iconografía de la nada a lo largo del siglo XX. ...territorios tan ambiguos como el vacío, el silencio, la invisibilidad, la ceguera o la desaparición, conceptos todos que remiten a lo que, sin lugar a dudas, es el objeto más representativo —y menos representado— de un mundo como el nuestro: la ausencia.
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