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minimal opera flash dance
La semana pasada sucedió el evento más arriesgado en cuanto al tema de intervención sonora en sitios públicos en lo que va del año en esta ciudad del café y posiblemente en el sur del país. Lo anunciaron como: “Bach Electrónico” y abajo le pusieron a modo de subtítulo o referente inmediato: “música lounge”.
Lo que supone un concierto en homenaje al compositor alemán en base a instrumentos conectados a una toma de corriente, y lo de música lounge sugiere el género que aparece en diversas recopilaciones en el área de “electrónica” en las tiendas de discos y el cual se compone de música coctelera, buenos modales y ambientes que generan una armonía fresoide. Demasiado aburrido a falta de realidad.
7:45pm.
El suceso arriesgado fue parte del coatefest 2005 y lo realizaron en medio de los santos, niños dioses, vitrales y los clásicos que conforman la estética cristiana presididos por mr. San Jerónimo. Como era de esperarse, estuvo toda la Raza, de los asiduos al lugar, las monjas, los feligreses y feligresas hasta la hi society codeándose con la low & media society, y algunos curiosos que escucharon el volkswagen blanco que anuncia los eventos del pueblo y que no tenían otra cosa mejor por hacer que “hacer vida cultural de miércoles”, lo afirmaba una señora.
7:55pm.
Apagan las luces del atrio, prenden unas lámparas de esas que dan vueltas y sacan luces de colores en forma de círculos detrás del escenario.
8:05pm.
Y así, como se van desarrollando las múltiples formas de la vida, se fue filtrando el sonido de una computadora y el de un sinte bajo las manos de los dos autores ante una iglesia con olor a incienso y atiborrada de gente, que un buen número a la mitad del concierto estaban con esa cara de “puta madre que chingados hago aquí” (me incluyo, quedé atrapado por lo que estaba pasando a mi alrededor).
Todo fue sucediendo de forma paulatina, un poco de densidad digitaloide, frecuencias mal distorsionadas y de repente un beat suelto y fugitivo que jamás volvió. A mi parecer sin sorpresas y sin una línea clara de lo que querían hacer o hasta dónde querían llegar con el sonido. Solo podría rescatar algunos minutos que fueron buenos (o chistosos) con una especie de flash dance ejecutado en estilo noventero y que sirvió para despertar a los que ya estaban bostezando y los incito a mover el pie al ritmo de algo reconocible, por lo demás faltaba pulirse, les falto mucha caña a estos maestros.
8:50pm.
Todo término. Prendieron las luces y la gente aplaudió durante un minuto, porque les gusto o porque por fin término, no lo sé.
Inmediatamente me llegó un flashback de un texto que publicaron hace unos meses en una gaceta que circula por la zona dónde no recuerdo el autor pero se refería al binomio: aplausos y la calidad de las cosas, donde decía que la mayoría de la gente a falta de conocimiento sobre los contenidos o maneras de ejecutar algunas obras, consume lo demás. el supuesto o la idea “culta” que generan los entornos “culturales”.
Justamente paso eso, la gente aplaudiendo, incluso de pie las señoras y señores cual pavorreales erguidos volteándose a ver y diciendo “que bonito estuvo!”.
Finalmente la música no fue lo importante, sino el “evento” que teniendo una atmósfera hiperrealista (en el sentido cristiano de las cosas) generó un ritual sonoro surrealista. Al mismo tiempo esto da pauta a las posibilidades que pudieran suceder mediante la unión de otros elementos de una mayor calidad. Visuales, buen sonido, buena música, yo que sé, algo bien armado.
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