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me encontré un txt de una interesante expo que tiene que va sobre las esferas políticas, sociales, urbanas y del como incide el arte en los espacios públicos.
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28 artistas de dentro y fuera de nuestras fronteras redefinen el concepto de espacio público tradicional. Desde sus inicios, la publicidad y los medios de comunicación social han ampliado radicalmente la idea de plaza pública, a la par que los complicados mecanismos de control que la regulan han alcanzado nuevas cotas de sofisticación. Estos hechos conforman un nuevo panorama en el que, sin embargo, la intención de mantener el control invisible permanece intacta. La exposición da cuenta de los diversos discursos críticos que, desde el arte y otros frentes, vienen cuestionando en los últimos años los usos y abusos impuestos a la ciudadanía por las estrategias de mercado, incidiendo en las revolu-cionarias teorizaciones feministas sobre la división entre lo público y lo privado. Asimismo, la muestra denuncia los contenidos sexistas y otros intereses, tanto económicos como ideológicos, que, a menudo, configu-ran los espacios hegemónicos. Para todos los públicos reúne el trabajo de 28 artistas, preocupados y preocupadas por estas cuestiones, con la intención de desafiar la perversa maquinaria de la denominada "dictadura de la audiencia", según la cual los contenidos críticos no interesan al gran público.
En los últimos años la cuestión del espacio público está siendo objeto de nuevas reflexiones y definiciones que destacan el vertiginoso desarrollo que a lo largo del siglo XX han experimentado los medios de comunicación social ampliando y transformando la noción tradicional de espacio público. De hecho, los llamados mass media se han convertido en los principales transmisores y productores de “información” superan-do con creces cualquier cota de cobertura e influencia imaginable en el pasado. Se inaugura así una época en la que los mass media han alcanzado el estatus de arterias vitales para las sociedades contem-poráneas, y en la que, paradójicamente, las industrias del entreteni-mien-to y la publicidad han pasado a ocupar un lugar central en la generación y regeneración de políticas sociales. Al mismo tiempo el espacio público, transformado en un escaparate para el márketing de los intereses co-merciales, apenas deja lugar a manifestaciones espontáneas de la ciudadanía. Este complejo panorama, anegado por los mensajes publi-citarios, se estructura según el paradigma hipercapitalista, lo que a menudo dificulta la tarea de aislar las políticas económicas de las culturales.
Pero ¿qué papel juega el arte en estos procesos políticos? Buena parte de las cotas altas de la estructura jerárquica de los mundos del arte sigue asumiendo los ideales románticos que al mismo tiempo que admitían que el y la artista pueden ser críticos/as con la sociedad, fomentaban la idea de que la verdadera función del arte era su propia expresión y de que el y la artista no deberían verse reducidos/as a las preocupaciones políticas y sociales diarias. Frente a esta postura, los movimientos artísticos que han desarrollado las teorías marxistas sobre el conflicto social, y otros colectivos como el feminista formados en torno a la vindicación de derechos civiles, se han ocupado de denunciar que precisamente es disociando los términos arte y sociedad como se perpetúa el statu quo de la desigualdad. Este conflicto ha resonado en los debates del siglo XX sobre la relación entre arte y política. Debates que se han centrado en cuestiones que siguen siendo relevantes en la actualidad: ¿el uso del arte para la propaganda implica la subordinación de la calidad estética del mensaje? Por otra parte, ¿pueden separarse de los valores ideológicos los criterios para juzgar la calidad estética?
En las décadas de los 50 y 60 del siglo XX la Internacional Situacionista (probablemente la corriente artística influenciada por el marxismo que más trascendencia ha tenido) desarrolló varias estrate-gias artísticas para combatir las tradiciones decimonónicas que, entre otros asuntos, avalaban la supuesta “inocencia” del arte. Entre estas estrategias situacionistas una, el détournement, destaca especialmente por estar sobrevolando los marcos conceptuales de la comunidad artística en los últimos años. Según Guy E. Debord y Gil J. Wolman (1956) détournement es la apropiación indebida y la descontextua-lización, con la consiguiente pérdida de significado, de elementos que nada tienen que ver entre sí y su reunión en un nuevo conjunto signifi-cativo. Tergiversación como juego que surge de la necesidad de invertir o subvertir todos los elementos del pasado cultural, como una negación del valor de esa vieja organización de la expresión que tiene que ser superada.
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by: Xabier Arakistain
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